2009-08-11 21:56:31
La réplica Solar del cuarteto Stradivarius tiene nuevos dueños!!

Esta mañana hemos finalizado los trámites. Después de mucho pensar y dudar... lo hemos decidido. Hemos comprado la réplica Stradivarius de Solar.

Haré un artículo más extenso, pero de momento os pego ésto como introducción...

El Cuarteto Ornamentado de Instrumentos de cuerda, construido por Antonio Stradivarius, en Cremona, en torno al año 1700, es considerado como la más ambiciosa obra de este insigne maestro italiano.
Inicialmente eran cinco los instrumentos que lo formaban. Dos violines, dos violas y un bajo constituían el más bello conjunto de instrumentos que se conoce en la historia de la luthería.
Este conjunto de instrumentos, que se piensa que fue ofrecido por el propio Stradivarius a la Corte Española, no consolidó su llegada a España hasta mucho más tarde, con el gran maestro ya fallecido, cuando uno de sus hijos, Paolo, lo vendió al Infante Don Carlos, que tocaba el violín, por la mediación de un sacerdote llamado Padre Brambilla. Corría el año 1775.
Los avatares del destino hicieron que, en torno a 1808, durante la guerra española de la Independencia, las dos violas fueran separadas del resto, quedando reducido a tres el conjunto.
Ya en el siglo XX, la fortuna quiso que apareciera una de las dos, la más pequeña, llamada “la chica”, para incorporarla junto a sus hermanos, quedando el grupo, definitivamente, en forma de cuarteto, que es como lo podemos disfrutar en la actualidad.
Este cuarteto es propiedad del Estado Español, y se custodia en el Palacio Real de Madrid, y es empleado, ocasionalmente, por afamados cuartetistas que tienen la suerte y el placer de tocarlos en significadas ocasiones.
En la firma Fernando Solar ha aceptado el reto de reproducir con exactitud este excepcional cuarteto de instrumentos. Para ello han contado con la inestimable ventaja de que el fundador de la saga, Fernando Solar González haya sido durante un buen número de años el luthier encargado de su mantenimiento, bajo la tutela del Conservador, cargo que, en aquella época, lo ostentaba el ilustre violinista Hermes Kriales. De esta manera, han tenido la oportunidad de poderlos tener en sus manos repetidas veces para contemplarlos y examinarlos, hasta el punto de que han llegado a ser, para ellos, una referencia de primera mano.
El diseño de estos instrumentos fue, sin duda, la obra de un genio. La concepción de sus formas, pensada en exclusiva para funcionar en forma de grupo de cámara, da como resultado que su conjunción crea la unidad de un nuevo instrumento. Este instrumento es, precisamente, el cuarteto, que suena ensamblado hasta dar la sensación de ser uno solo.
Inicialmente, el Quinteto lo formaban dos violines, dos violas, y un bajo. En la actualidad se conservan los dos violines, la viola pequeña y el violoncello, que adquirió este tamaño después de haber sufrido una operación de achicamiento por parte del luthier de palacio de la época, Silverio Ortega.
Los violines son diferentes entre sí. El más pequeño, construido al estilo del maestro de Stradivarius, Nicolás Amati, representa la voz mas atiplada del conjunto, y para él se reserva el puesto del primer violín.
El segundo, más ancho y de formas mas cuadradas, se corresponde con un estilo que el propio Stradivarius desarrolló algo más tarde, a partir del año 1700, y su sonido robusto y completo le hace insustituible en el adecuado acompañamiento del fino sonido del primer violín.
La viola, que es la de tamaño más pequeño, respecto a su hermana en el Quinteto inicial, mide 415 milímetros, que es un tamaño muy utilizado por una gran mayoría de constructores. En el cuarteto, su voz grave y potente le hace emerger como guardiana del orden y el ensamble, lo que, indudablemente, se agradece en pos de obtener una perfecta conjunción armónica.
El violoncello, que tiene su tamaño actual después de una poco justificada operación de achicamiento, es el cuarto instrumento de este bello conjunto, y fue acortado en sus medidas -a pesar que la propuesta de tal intervención fuera denegada anteriormente por el propio rey de España- por el luthier de Palacio, Silverio Ortega, quien siguió fielmente los pasos de su antecesor en el cargo, Vicente Assensio, que había sido el autor del diseño del denegado proyecto.
Este impresionante cuarteto, que consigue una excepcional armonía en su funcionamiento sonoro debido a lo acertado del diseño de cada uno de sus instrumentos, es además una verdadera obra de arte en lo que a su aspecto estético se refiere.
Cabe suponer que el propio Stradivarius quería significar lo extraordinario de este conjunto y no se limitó a dotarles de esa increíble capacidad de trabajar en grupo, ya que trató de plasmar su arte y su saber de manera que a nadie le pasara desapercibido.
De esta manera, creó unos ornamentos pictóricos para decorarlos, al estilo de otros que ya se habían empleado siglos antes. Pero lo hizo con tal maestría y gusto estético que, a partir de su culminación quedó marcado como el más bello e importante de cuantos le habían precedido.
En los costados de los cuatro instrumentos dibuja animales y ornamentos florales que recuerdan escenas de la mitología junto con otras de caza, actividad muy del gusto de la nobleza de aquellos tiempos.
En los dos violines, a los que ornamenta con los mismos dibujos, coloca galgos y aves, parecidas a grifos, rodeados por lianas y flores. La técnica empleada para estos dibujos es la de grabado por bajorrelieve y rellenado de mástic de polvo de ébano.
En la viola, son liebres y aves, parecidas a cisnes o pelícanos, rodeados también por lianas y flores. En este instrumento la técnica empleada es la de dibujo con tinta china, entre dos capas de barniz.
El violoncello, de majestuosa presencia, tiene unos dibujos, también a tinta china, que representan a un Cupido disparando su arco hacia una cabra. La escena se ve inmersa en círculos de ornamentos florales.
Lejos de parecer recargados o desproporcionados, estos dibujos han sido un complemento de realce en la belleza intrínseca de los propios instrumentos. Y nos causan una profunda admiración si consideramos que todos los eruditos coinciden en pensar que son de su propia mano y diseño.
Para rematar tan insigne ornamentación, Stradivarius elige, para colocar en el borde de todos los instrumentos, un excepcional remate que les dota de un aspecto digno de ser colocados al lado de las mismas joyas de la corona.
El filete, que así se llama al conjunto de tres finas tiras de madera que se insertan justo en el borde de cada tapa de los violines, violas y violoncellos, sirve para embellecer y proteger el propio borde. Pero en el caso del que colocó el Maestro, su complejidad se va fuera de lo razonable. Él diseña un doble filete, separado por un amplio surco, en el que coloca, de manera alternativa, círculos y rombos de marfil, en una proporción y disposición idóneos, hasta conseguir un resultado estético de inigualables sensaciones. Luego, cuando ha situado perfectamente los más de dos mil cuatrocientos pequeños trozos de marfil, confeccionados uno a uno, rellena los huecos del surco, hasta dejar una superficie limpia y plana, con el mismo mástic de ébano que empleó para rellenar los trazos de los dibujos en los aros de los dos violines.
El trabajo, ímprobo y laborioso, queda eclipsado por el resultado, que es incomparable. Pero, el verdadero potencial de este cuarteto se manifiesta cuando suenan sus notas. Entonces, cuando nuestros sentidos se encuentran y se complementan, rozamos lo sublime.
El Cuarteto de Fernando Solar, empleando las mismas técnicas que se suponen usó el propio Antonio Stradivarius, es una fiel réplica del original. Ha reproducido hasta el más pequeño detalle, y se ha ajustado a sus conceptos estilísticos para intentar que el resultado sonoro sea lo más parecido.
Y, sobre todo, no ha escatimado ni una gota de esfuerzo, a sabiendas que el Maestro tampoco lo hizo, ya que le mueve un impulso muy parecido al que pudo motivarle a emprender la construcción de una obra de tal envergadura.
En su caso, después de que han pasado mas de veinticinco años desde su terminación, tiene el orgullo y la satisfacción de haber recreado, al menos en una pequeña parte, esas sensaciones tan emocionantes que sintieron los que tuvieron la fortuna de verlos estrenarse, allá por el 1700, y los que los contemplan en la actualidad.

[By Mstislav] [Comentarios (0)] [Añadir comentario]

2009-08-04 21:43:22
Cronicas de Mano Cousteau (II)

Ya llegamos a puerto. El viaje ha sido una pasada.

Como aspectos memorables, he conocido a un grupo de gente con la que da gusto viajar. Ya se sabe que en esto de los viajes se descubre para bien y para mal a mucha gente.

Malta, Roma, Florencia, Pisa, Cannes... todas han caido (unas con más profundidad que otras). La descripción de todas las bellezas que he visitado es motio de otro post.

El sistema de cobro en el crucero es interesante. Nada más entrar te dan una tarjeta vinculada a tu VISA. En el barco SOLO puede comprar con la tarjeta nueva que te acaban de dar. Y aquí viene la trampa... es comodísima!!

Una comida por aquí, (ras! tarjetazo!) otra por allá (ras!), una peli (ras!), un librito (ras!), conexión a internet (ras!), un daiquiri,.. ras! ras! ras! ras! y más raaaaaassss!

La última noche, ANTES de que hayas abandonado el barco, te lo cobran todo en la VISA. Nadie escapa si pasar por mamá-caja.

Me hubiera gustado conocer el cuarto de máquinas, y algunos aspectos técnicos del barco (en aspectos de ingeniería es una pasada), pero no ha podido ser. Todo estaba herméticamente cerrado para que disfrutáramos (y comsumiéramos).

En casi todas las cubiertas había gupos musicales temáticos. A destacar la tremenda profesionalidad y buenhacer de todos ellos (bueno... menos José Mari el marismeño y su guitarra, que me inflingió unas maracas para hacerle coro). Había un par de grupos de jazz minimalistas alucinantes. Buenas improvisaciones, afinación perfecta... disfruté como un enano.

He disfrutado también mucho fotografiando. Unas 3000 fotos calculo. Hacái tiempo que no me reencontraba con mi cámara de esa forma.

Asistimos a una cena/show chino-japonesa en la que un par de cocineros japoneses te preparan en directo y delante de ti la comida. Todo ello adornado con malabares realizados con cuchillos, huevos,... muy interesante. Tuve la mala suerte de que me tocara un impresentable que entre otras gracias hacía como que se meaba en la comida que te estaba preparando, mientras exprimía un bote de soja situado en su entrepierna. Lo miré con tal careto que me estubo llamando de usted toda la noche (Evaluna me daba golpes por debajo de la mesa).

Único aspecto negativo: demasiada gente comiendo, demasiada gente en las piscinas, demasiada gente embarcando, demasiada gente desembarcando, demasiadagente esperando al ascensor...
a pesar de la logística de la tripulación, que es inmejorable, son cruceros muy masificados.

[By Mstislav] [Comentarios (1)] [Añadir comentario]